El Zapato hace a la Persona
Lunes, 15 Septiembre 
Tal como demuestran las pinturas murales del período comprendido entre el año 15000
y 12000 a.C. halladas en España, el hombre no tardó en sentir la necesidad de
proteger sus pies de las inclemencias del tiempo. Las primeras formas de calzado eran
cubiertas de piel o primitivas sandalias de rafia, hojas de palma o, posteriormente,
de madera.
Esta necesidad de protección derivó en un afán por mostrar la propia individualidad y
significación a través del calzado: cuanto más importante la persona, más ostentosos
y singulares eran sus zapatos. La pertenencia a una clase social u otra a menudo
quedaba indicada por determinados modelos de zapatos (a un tipo concreto de zapato le
correspondía una ornamentación concreta), y de este modo surgió la moda en el
calzado.
En el antiguo Egipto, llevar sandalias de plata o adornadas con piedras preciosas era
un lujo reservado a los sumos sacerdotes y a los gobernantes. Este privilegio iba
ligado a un funcionariado muy importante en el corte del faraón : en época de la I
dinastía (2850-2660 a.C.), el cuidador de sandalias vigilaba las sandalias de los
dignatarios en los lugares sagrados, donde sólo se podía entrar descalzo, o bien iba
tras ellos con las sandalias en una caja. Esta figura se mantuvo hasta la Edad
Moderna.
En las ceremonias oficiales, Julio César llevaba botas de oro, Nerón prefería las
sandalias de plata. Durante las festividades, Carlomagno calzaba zapatos decorados
profusamente con piedras preciosas, mientras que su hijo Luis I el Piadoso
consideraba apropiadas las botas de oro. Hasta entrado el siglo XIX, los zapatos
ricamente decorados estaban reservados a los sectores más acomodados de la sociedad
(con estrictas prescripciones de acuerdo con la posición social de la persona). La
clase media (la baja nobleza y los ricos comerciantes) llevaban modelos más
sencillos. Los pobres calzaban zapatos de madera o atados, o incluso iban descalzos.
