Monkstrap El Zapato con Hebilla
Lunes, 15 Septiembre 
El monkstrap se llama así porque su cierre con hebillas y porque recuerda a las sandalias de los monjes. Esta característica tan práctica le ha proporcionado a este tipo de zapato multitud de admiradores y detractores. Los partidarios de este modelo aprecian que se ajustan perfectamente al pie y que las hebillas son muy fáciles de abrochar, al contrario de lo que pasa con los cordones que siempre se desatan en el momento menos oportuno. Los adversarios de los monkstrap lo encuentran un zapato afectado y superficial. Así que es una cuestión de gustos personales decidir si gusta o no esta especie de mezcla a medio camino entre el zapato de cordones formal y los mocasines más informales. Objetivamente, no hay nada que objetar al monkstrap, dejando a un lado pequeñas incomodidades, como por ejemplo que los bajos del pantalón pueden engancharse en la hebilla o quedar encima de la lengüeta que sobresale y que esto desluce la caída del pantalón. Por eso los zapatos de hebilla sólo quedan bien cuando se llevan con pantalones con perneras estrechas, con los bajos muy poco anchos, y que no toquen o casi no toquen el zapato. Entonces es cuando destacan la parte elegante de la pala larga y la hebilla del latón y cuando sabemos realmente a qué nos recuerdan estos zapatos: no a los zapatos del hábito de los monjes sino a los zapatos de los tres mosqueteros, adornados también con hebillas resplandecientes. Si a usted no le acaban de convencer este tipo de zapatos deberá seguir, le guste o no, con los zapatos de cordones y los mocasines.
Se componen de empella y cañetas, como el Oxford y el Blucher, pero se diferencia de ellos por la vistosa hebilla que une las dos cañetas.
